LA ROSA Y LA MARIPOSA
La rosa se había encariñado con aquel huevito diminuto que una madre había dejado una mañana entre sus pétalos. Lo cobijó del roció y del sol despiadado y en más de una ocasión se vio obligada a exhalar el perfume hechizante que los humanos desconocen contra los siempre hambrientos pajaritos y las no menos voraces hormigas. Al poco tiempo del huevecillo, emergió un primor de larva, a la cual la rosa proveyó, además del cobijo incondicional, la comida, y más adelante, cuando la larvita se convirtió en crisálida, siguió cuidando la cápsula donde se encerró con el mismo esmero y prodigándole los mayores cuidados. Hasta que una fresca mañana, la rosa oyó una voz suave que la llamaba. Abrió los ojos, una hermosa y colorida mariposa le sonreía.
Adiós, mamá, le dijo y en seguida emprendió vuelo hacia lo desconocido del ecosistema circundante.
LA ROSA Y LA MARIPOSA por Francisco A. Baldarena se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://creativecommons.org/choose/?lang=es#metadata.

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