EL TOCADOR DE CAJITA MUSICAL
El último sobreviviente oyó la puerta tronar y de inmediato la luz del día medio que lo encegueció, pero en seguida la sombra del gigante tornó el recinto gris y sombrío.
Él pensó que ya le llegaba la hora, que pronto sería masticado y tragado, como todos los otros.
El gigante se detuvo delante de la jaula sonriendo, mientras hurgueteaba en un bolsillo del pantalón del cual sacó una cajita musical, que entre los dedos pulgar e indicador parecía un pequeño frijol.
El gigante se la pasó por entre las rejas y con voz de trueno le ordenó:
"Sigue dándole cuerda hasta que me oigas roncar". Luego se sentó en un banco y recostó su cabeza en la jaula.
Eso se repite de tarde en tarde, cuando el gigante duerme la siesta, y en algunas noches cuando lo impacienta el insomnio; es lo que aún mantiene con vida al último sobreviviente.

EL TOCADOR DE CAJITA MUSICAL por FRANCISCO A. BALDARENA se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
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