EL HONGO

  Siempre había sido un soñador de tiempo integral. Soñaba despierto, porque estaba siempre en el mundo de la luna, y lógicamente también cuando dormía. Y no recordaba una sola noche de su vida en que no hubiera soñado. Hasta que una noche soñó que no soñaba (qué cosa más ridícula, sin pie ni cabeza, se dijo), pero de allí en más su vida cambió radicalmente para peor, porque  tampoco consiguió imaginar nada más; sentía que su mente era como un espejo enfrentado a otro espejo. Y lo que terminó de hundirlo en la nulidad más absoluta fue constatar que su hobby favorito, la lectura, ya no tuvo ningún sentido sentido. Todo el mundo, parientes, vecinos y los médicos que lo trataron, dijeron que sufría un tipo extraño de locura. Pasó entonces que fue asumiendo la personalidad de un hongo, pasando el día entero sentado en el tronco del patio, hasta que un buen día echó raíces y esperó el fin de los días sin saber qué esperaba. 

                                                                                 

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EL HONGO por Francisco A. Baldarena se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
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