EL FRANCOTIRADOR DE LA CALLE MORENA

  Una mañana apareció la máquina Champion de la municipalidad aplanando la calle enfrente de mi casa, la calle moreno, en Carmen de Areco, y al otro día varios camiones volcadores descargaron montañas de arena y canto rodado, desde la avenida Sarmiento, la esquina de mi casa, hasta la avenida Mitre, la principal del pueblo, a cuatro cuadras, y al tercer día ya me había hecho una honda con la cual me la pasaba dándole hondazos a cualquier cosa. Hasta que noté al caballo de un vecino que vivía a dos o tres cuadras, al cual traía todos los día a pastar en el campito enfrente de mi casa. Un diablillo me picó en seguida y, acostado sobre una montaña de arena, como un soldado francotirador apostado en una colina disparándole al enemigo, empecé a lanzarle hondazos. Lo que más me gustaba era acertarle en la panza y ver las piedras rebotando para cualquier lado. Entones el pobre caballo trotaba hacia el fondo, contra un tapial, y allí se quedaba mientras yo, apostado sobre la colina de arena, desgolletaba cardos con mis hondazos asesinos buscando su humanidad. Pena que duró poco la fiesta, para mí, claro, no para el animal, porque a los pocos días vinieron los trabajadores de la municipalidad y empezaron a pavimentar la calle, y para cuando terminaron las piedras que había juntado ya se me habían acabado, con lo que me olvidé del caballo y él se animó a abandonar el rincón, el único lugar del campito sin pasto. 

                                                                         

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EL FRANCOTIRADOR DE LA CALLE MORENO por FRANCISCO A. BALDARENA se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
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