ADIVINADORES DE NACIONALIDAD
Los dos muchachos estaban sentados en el Baleia Azul de Laguna, Santa Catarina, y jugaban a adivinar la nacionalidad de los turistas que pasaban de camino a la playa. El juego adivinatorio consistía en adivinar, uno de cada vez, la nacionalidad de los turistas apenas aparecieran por la esquina del Calçadão, cosa de no escuchar sus voces, y después, cuando pasaran junto a ellos, preguntarles de qué país eran. El que perdía pagaba la cerveza.
"Ahora me toca a mí, ¿de dónde es aquella familia?", preguntó el que le tocaba preguntar, apenas vio aparecer un grupo en la esquina. El otro miró bien a la familia, un matrimonio y sus dos hijos adolescentes. Adelante venía la madre con su hijo tomado de la mano, la mujer tenía la piel cobriza, como el cuero de chancho después de asado, y el chico parecía sentirse incómodo estando donde estaba. Un poco más atrás, venían el padre con un brazo sobre los hombros de la hija; ella parecía sentirse como su hermano, pero el padre terminó de darle la certeza al adivinador de turno sobre su nacionalidad. El tipo estaba vestido como se vestían los jugadores de tenis de los setentas: zapatillas, soquetes, short cortito con bolsillos laterales y camiseta dentro del short, todo inmaculadamente blanco; además, la otra mano la llevaba adentro del bolsillo y su cara era de soberbia. Entonces lo miró a su amigo y le dijo:
"Son turistas argentinos". Y esta vez no tuvieron que preguntar, la descripción no podía ser más exacta.
Adivinadores de nacionalidad por Francisco A. Baldarena se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://creativecommons.org/choose/?lang=es#metadata.

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