EL MOSQUITO

El ambiente estaba saturado de alcohol. 

   "Una presa fácil", dijo el mosquito mientras revoloteaba sobre el cuerpo del humano que dormía la mona. Desde luego que manotazos inconscientes siempre eran una amenaza a tener en cuenta, así que tendría que acercarse con cuidado. Entretanto, decidió no darse prisa y se fue a esconder detrás de las cortinas de la ventana hasta que el humano estuviera bien dormido para atacar. Cuando creyó prudente acercarse, el díptero nematócero hambriento succionó y succionó hasta hincharse tanto que su cuerpo se volvió totalmente de un rojo transparentoso. Así, cuanto no consiguió succionar ni una millonésima parte de una gota se dispuso a remontar vuelo; las alas zumbaron más alto que de costumbre, y quizás fue eso que, mismo en la inconsciencia, hizo al humano levantar rápidamente la mano asesina y acabar aplastando al mosquito contra la piel sudada de la barriga. Después con una violenta sacudida el humano hizo volar sus despojos hacia un lado, quedando estampillados contra la pared del respaldar de la cama. No demoró mucho tiempo para que sus congéneres se amontonaran alrededor del cadáver amasado sobre una gran mancha roja. Lloraban y se contaban anécdotas de su corta vida, pero quien mejor lo definió fue el mosquito cura, al llegar para despedirlo de este mundo como Dios manda, cuando dijo: 

   "Hoy se nos fue un gran amigo, sin dudas, un pura sangre". 

                                                                            Fin. 

Licencia Creative Commons
EL MOSQUITO por Francisco A. Baldarena se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://creativecommons.org/choose/?lang=es#metadata.

Comentarios

Entradas populares de este blog

SOBRE UNA CRÓNICA

LA SOSPECHA

EL PINTOR MÁS ORIGINAL