Haroldo, el ambiguo, estaba apoyado en el marco de la puerta de calle, de brazos y piernas cruzados. Tenía el rostro ceñudo de un niño al que no le gustó el regalo que le dieron, pero no era por ningún malestar reciente ni antiguo, era porque no tenía otra cara cuando no estaba hablando o sonriendo. Pero de pronto su semblante se iluminó con una sonrisa. Por la vereda de enfrente vio pasando a Henrique Gramatical, un viejo amigo suyo que no veía desde hacía mucho tiempo. "¡Henrique, Henrique!", lo llamó, agitando una mano. Henrique miró al sujeto que agitando una mano lo llamaba por su nombre del otro lado de la calle. Su rostro le pareció conocido y demoró un breve momento hasta que lo reconoció. Haroldo estaba más gordo, tal vez por eso no lo había reconocido al instante, concluyó Henrique, mientras se apresuraba a cruzar la calle. Los amigos se dieron un fuerte abrazo y luego comenzaron a conversar. "Henrique, mi amigo de tanto tiempo", d...
Comentarios
Publicar un comentario