AMOR CON OLOR A PINOLUX
Se conocieron en un parque, una mañana de primavera, era domingo; y como se gustaron los encuentros se repitieron todos los domingos. Ambos tímidos, no se animaban a hablar, por vergüenza, de sus respectivos trabajos (él limpiaba el baño masculino de una estación de tren y ella el femenino en una estación del subte), y evitaban tocar el tema por temor a una contra pregunta donde tendrían que confesar lo que creían que debía espantar al otro. Hasta que un día el destino tomó cartas en el asunto e hizo que se encontraran en una manifestación de servidores de trenes y subtes, delante de la casa de gobierno.
¿Qué haces acá?, le preguntó ella, roja de vergüenza.
¿Y tú, qué estás haciendo acá también?, preguntó él, no ruborizado pero bastante nervioso.
Yo te pregunté primero, dijo ella. Él miró para todos lados, pero como no se le ocurrió nada que le pareciera ser lo suficientemente convincente como para engañarla, soltó un largo suspiro, distendiendo los músculos, y confesó que limpiaba baños. A ella, por su parte, le volvió el color natural y suspirando largamente como él, le contó que hacía lo mismo. Por un momento se miraron a los ojos, serios, hasta que empezaron a reírse como dos niños. Cuando la manifestación se dispersó los dos se marcharon tomados de la mano.
Fin.

AMOR CON OLOR A PINOLUX por FRANCISCO A. BALDARENA se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://creativecommons.org/choose/?lang=es#metadata.
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